miércoles, 11 de marzo de 2009

Switching Circuits and Logical Design






Esto es tan solo una excusa para hablar de ellos. Me los encontré una noche de casualidad hace unos meses. Mientras bebían yo caminaba entre dos ideas. Apenas les hice caso. Podrían haber sido otros los de enfrente. Ya los había visto antes. Un saludo, como mucho un cruce de cuatro palabras protocolarias, lo mínimo. Uno se acercó y empezó a hablarme de Suecia. Ese tipo y yo estuvimos viviendo en dos países distintos hasta ese momento. Me dejé llevar por su forma de vivir esto, por esa pillería académica, por las tardes arrojadas a la risa. Sin saberlo encontré un espacio entre la maraña revoltosa con que pasan las horas. Comidas con sobremesas de tardes completas, cartas que cuentan películas del oeste, algunas fiestas con la mejor cultura vinícola, un viaje siguiendo unos pasos, los exámenes de la asignatura, laboratorios entre el argentino y cualquier otro idioma, deporte todas los días y sobre todo esas niñas suecas que nos devoran las ideas. Y hoy tuvimos el examen final. No estaban todos. Tan solo los más torpes o los más gamberros. Ahora que se ha terminado este curso espero no distanciarme demasiado. A propósito de ellos. Ellos tienen parte de culpa de que este tercer bimestre haya sido memorable. Ellos, menudas herramientas.

jueves, 5 de marzo de 2009

Gamla Linköping






Ahora te escribo desde un poblado. Ya estuvimos aquí antes. Seguro que recuerdas ver el peso de los siglos sobre sus casas de madera. Abombadas y de un color volcánico, con tejados rendidos hacia el suelo, pisoteados por el humo de las chimeneas. No puedes haberte olvidado de sus adoquines. Distintos, moldeados por el paso de millones de viajeros, desordenados, disponiendo calles diminutas hacia ningún sitio. Al menos dime que retienes sus jardines. Sobre todo aquel de los manzanos donde habitaban esos pájaros revoltosos, el mismo, el de la fuente de los dos peces. ¿Y el bosque? El bosque cercado, el de los caminos de virutas, ese que no deja ver el cielo, el que te atrapa y te detiene. A lo lejos, entre esos dos árboles erectos, se puede ver una cabaña. Esta apartada y nadie la mira. Nosotros si que nos fijamos. Yo no te dije nada creo, pero mi autentica vida está dentro de esas maderas. Ella me comprende, aquí es mi hogar. Ahora que el invierno da sus últimos coletazos, sin apenas nieve y con algo más de luz he vuelto a esa cabaña y me he acordado de ti. Solo pienso en pasear de nuevo por estas calles contigo, en contarte todo lo que me ha pasado dentro del poblado, en regresar a Gamla.

lunes, 2 de marzo de 2009

Jönkoping




Pasamos el fin de semana en Jönkoping. Ya había visto la ciudad por la ventanilla del autobús dirección Göteborg. En aquel momento era un poblado asestado por la nieve sin otro propósito que un cielo gris y avenidas iluminadas. A raíz de mis palabrerías en la sobremesa fuimos en busca de ese cuento leído tan solo en nuestras cabezas. Jönkoping había dejado el misterio y la infancia en el momento que yo dejé ese autobús. Y fue distinto el cuento. Recorrimos todo el vértice del gran lago Vättern. Lo más parecido a una playa que he visto desde Julio. Con su rompeolas, su paseo, su arena, incluso su sol, un sol rabioso. Tras pequeños embarcaderos, parques de patos y puentes, campos de fútbol escondidos en las laderas y pies resentidos encontramos el albergue. La noche en Jönkoping deja las calles desiertas. Tan solo nosotros entre sus huecos, con un paso dudoso entre mirar atrás o dejar de mirar, con los cuerpos golpeados por el frío de las tripas del gigante líquido. Ajenos a su historia, sin alcanzar a ver los techos de sus torres, y movidos por el silencio de sus lápidas, volvimos. En los rostros de algunos se podía anticipar el final del cuento, de ese cuento que estamos viviendo.