
Todas estas cosas, las que dijimos ayer y las que no se dirán nunca. Tus meses en
Suecia. Alguna borrachera,
Cataluña y España, psicoanálisis al borde de la media noche. Una furgoneta que devora bosques, un barco que apenas se detiene, juntos bajo el nivel del mar,
Munch y Van
Gogh. Sobre todo
Dalí que es de
Figueras. Visitas a
Linköping, visitas al
Ikea, un lago al otro lado,
filmotecas revisadas, una memoria imborrable y unos ojos hacia
Castellón. El tiempo es inevitable. Al final solo nos queda un gesto atrás y solo seremos recuerdo y solo lo que fuimos. Se marcha el hombre detrás de la cámara, el viajero incansable, el más judío de todos los perros, el gigante tras la mirada de sexo, uno de los nuestros. No se si volverás sobre las aceras de
Ryd en alguna ocasión pero tu tosco castellano, tu inteligencia precisa y sobre todo tu postura hacia la vida siguen entre los charcos helados de nuestras cabezas. Hoy como siempre regresaba del bosque por tu calle y me detuve en tu ventana. Tenía algo que contarte. Lo de siempre. Historias de mi tierra, nuevas ideas, la última novela. Volví a mi cuarto. Jamás debió existir Enero. Enero acabó con todo.
