domingo, 17 de agosto de 2008

Fiesta en Suecia



Aquí la cosa está difícil, pero no imposible. Es otra mentalidad, otra forma de ver el prisma radicalmente opuesta a lo habitual. En un supermercado común no te venden algo más fuerte que una cerveza de 3,5. Pero uno se entera, en plena ley seca, que hay unas tiendas del gobierno donde se permite el comercio de bebidas de graudaciones superiores, y acude como un loco a hacerse con una botella, da lo mismo, de lo que sea. Se trata de una especie de muestrario de distintos licores, hay de todo y de todas las marcas. Y cuando piensas que ya tienes la fiesta montada y empiezas a divisar lo que la noche dará de sí caes en la cuenta que un mísero cristal de negrita cuesta unos 32€ y que todo ronda ese precio. Te vas a lo seguro, a los vinos, donde un cartón de los de mendigo está por los 5€. Con esto haces botellón en España y sabes lo que estas bebiendo. Lo aceptas con resignación y te juntas con los españoles y con algún esloveno o alemán despistados y te la montas. Siempre mirando el reloj porque hay que estar antes de las 23:00 para entrar en no se qué discoteca y para llegar a ella son necesarios unos 10 minutos en bici. Puesto no se puede bromear con la carretera, tiene su peligro pero también su encanto. Entras en un pub y mientras tratas de deshojarte observas a tu alrededor en una pista de baile una manada de suecos descontrolados. Ellos se dedican a dar empujones a destajo, ellas guarrean con todo lo que les planta cara. Estos suecos no saben beber. Te das cuenta que vuelves a tener 15 años y que no estamos tan lejos de Pajares y Esteso. Con lo que yo odio esa oscura etapa del cine español llamada destape. Hasta mañana amigos.

viernes, 15 de agosto de 2008

La víspera del 15 de Agosto


Por estas fechas solía llevar un par de semanas de religiosa asistencia a la biblioteca. Merecía la pena el aire acondicionado y las chicas a pesar del trance que me llevaba desde mi casa hasta ella, en Agosto no hay quién pasee por Lorca. Pero la víspera del 15 de Agosto era diferente. Como cada mañana salía a eso de las 9 y tras un par de horas de divagaciones terminaba tirado en la calle con algún amigo preparando la noche. Botellas de ron, cocacolas, vinos, sandías, algo de comida y muchas ganas. Luego cogíamos el coche y desde las 22 formábamos nuestro corro en esa arena helada de la Mar Rabiosa. Allí todos nosotros y por unos solos minutos, bebiendo y comiendo en la más absoluta oscuridad, con el presentimiento de estar apunto de asistir a algo grande, recordable por siempre, ante un tropel de desconocidos. El resto es laguna y desorden, en ocasiones degeneración. Pero son esas noches de desenfreno las que ahora me hacen volver a Terreros, las que llevan todo el día acercándome a vosotros, a esas golferías de chiquillo. Hasta mañana amigos.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Mi bicicleta


Acostumbraba a moverme a patita, nunca me han importado las distancias largas. Únicamente cogía el autobús para lo imprescindible, ir a la estación para volver a Lorca o para subir a Cartuja algún día. Pero en Linköping es diferente. Tras unos primeros días pateando bosques, calles y centros comerciales no ha cabido otra que comprar una bici. Recuerdo aquellas mañanas heladas de enero caminando conmigo mismo dirección a ciencias. Sobre el asfalto una estampida de coches, en la parada del bus demasiada gente con rostros dormidos y ante mí una chica pegando pedaleadas. Siempre era la misma, con su misma sonrisa de historias inconfesables y su mismo aspecto escandinavo. Rompía la monotonía de las primeras horas y me alegraba el día. Luego desaparecía entre las calles y yo volvía a la acera. Ahora yo soy esa joven, en un país que no conozco y con un idioma que apenas hablo, con una sonrisa de historias inconfesables y con una bici inseparable. Presiento que somos uno. Voy donde me lleva y me espera allí donde estoy, amarrada en una farola o junto a un árbol, su paciencia es infinita. Subimos cuestas, atravesamos adoquines, cruzamos puentes. Siempre nos acompaña el comentarista del Tour y sueño con que soy Alberto Contador y que me exprimo al máximo como ya lo hiciese Perico subiendo el L'Alpe d'Huez. La aparco y compruebo dos veces que he puesto bien el candado, si me la roban estoy perdido. Entro en mi cuarto y enciendo el ordenador y descubro que el nombre del ciclista del momento es Samuel Sánchez. Pero para mí siempre será Contador, no hay otro. Hasta mañana amigos.