lunes, 28 de abril de 2008

Abbey Road


Hace algún tiempo me hablaron de una tienda de discos en una callejuela cercana a la plaza de derecho y aprovechando el santo de mi hermano decidí entrar. Se trata de un verdadero museo reducido de lo que es y supone la historia de la música al menos del siglo XX. Creía que los vinilos estaban reservados para los estantes melómanos de las casas, pero visto el tráfico del habitáculo puedo asegurar que se sigue practicando el culto hacia esta joya del oído. No me calenté demasiado la cabeza, fui a lo seguro, compré "Abbey Road", y después de varias semanas por fín he consumido parte de mi descanso enganchado al tocadiscos de mi casa. Es verdad eso que dicen acerca de los Lps, que es el mejor medio para escuchar, que se respeta gran parte de la autenticidad y que engancha. De este me quedo con todo, con sus juegos bucales, su percursión, su melodía viciosa, el incontestable tormento que supone este espectáculo...y por supuesto con esa fotografía de los 4 fieras irrumpiendo esa mitificada calle. El próximo será "Revolver". Hasta mañana amigos.

jueves, 24 de abril de 2008

Mala suerte haber caído en Madrid


Me entero de muy buena mañana que la iglesia podría formar parte del comité ético sobre los cuidados paliativos de enfermos terminales en Madrid. Luego escucho a un ministro del santo gremio que Jesucristo no tuvo en su trance cuidados paliativos. ¿Cómo se debe interpretar esto? ¿Hay que resistir un dolor equivalante al de su profeta, con latigazos y clavos incluidos, para poder morir como un hombre? ¿Hay que ser hombre para poder morir? Ahora, ya con la cara lavada, me pregunto por ese moribundo, extenuado de un dolor sin sentido y que dedique sus oraciones a un Dios diferente, por ejemplo a la cabra de turno, ¿querría que un cura le aconsejara a seguir jodido hasta cumplir los 33? No lo creo y solo tengo pensamientos de compasión por esta pobre criatura. ¡Qué no se alargue esto demasiado, mala suerte haber caído en Madrid!, con lo grande que es España... Hasta mañana amigos

martes, 22 de abril de 2008

Gemidos en mi baño


Me encuentro solo en mi casa y alcanzo ese espacio sagrado, ese altar de blanca figura reservado a los que las circustancias de la vida no les hacen ir de aquí para allá, el trono de mis lamentaciones y me dispongo al acto (piensen lo que quieran). En medio del trance comienzo a escuchar gemidos que se me presentan pornográficos pero el lugar y la hora, 12 de la mañana, apartan la calentura de mi cabeza. Entonces acude a mi memoria aquel bigote absolutista, esos pelos ancianos de parodiada juventud, el mayor de los pedantes. Y lo recuerdo con su raqueta de tenis abombada jugando a tener un cuerpo de 20 años, consumado en la miseria de la abundancia, en la bandera de una prole que no sabe por donde tirar. Él puso este deporte de moda y poco tardaron en recogerlo sus cachorros. Ahora, años atras (al voto gracias), al lado del baño de mi casa hay dos pistas y un puñado de gemidos en forma perpetua. ¿Verdaderamente sienten atracción por esta olla de garbanzos o de perdidos, sin excepción, todos al río?. Hasta mañana amigos