miércoles, 7 de mayo de 2008

Mayo del 68


Mucho se habla estos días acerca del "Mayo del 68". Vivencias, opiniones, análisis, anhelos...y hay para todos los gustos. Desde los que creen que aquello no sirvió para nada, hasta los que explican sus consecuencias en cualquier hecho. Los primeros ven el mes como algo olvidable, una chiquillada estudiantil consecuencia del despertar hormonal y desean, en palabras del presidente francés Nicolas Sarkozy, "enterrar el espíritu del 68". A esta tesis parece estar sumándose gran parte de la derecha europea, miremos sobre los muros de nuestra patria como diría Quevedo. En el otro extremo, sin pisotear lo que queda en medio, los que aún viven en aquellos días, los que al menor síntoma de protesta, ya sea una crítica al gobierno o una condena terrorista, ven un posible Mayo parisino. Quizá sea añoranza de tiempos pasados, de una juventud donde estaba "prohibido prohibir", y cuya principal arma era una "imaginación al poder" incontestable. No se qué es lo que divide a los que coexistieron en la época pero basta con ojear un periódico o visionar un noticiario para que quede claro que fue una realidad y que hoy se rememora. He de confesar que estoy más cerca de estos últimos que de los primeros.

No solo fue Nanterre y la Sorbona, ni un hecho aislado de universitarios. El 68 se vivió en Praga con su primavera y sus tanques soviéticos, en EEUU con el asesinato de Martin Luther King, en México con aquella matanza indiscriminada y el Black Power de sus olimpiadas, estuvo presente en Vietnam, y hasta en España, a modo de carrera delante de los grises, en la complutense en un recital de Raimond. Fue más bien un cúmulo de opresión que no pudo resistir esa generación de los 60 que anunciaba el "amor libre" y el "no a la guerra", una "efervescencia revolucionaria" mientras los Beatles proclamaban su "Let it be" a modo de testamento.
Para nosotros que asistimos a este 40 aniversario como a otro capítulo de la historia no debe pasar inadvertido. Se lucho bastante y se perdió más aún, hablamos de vidas. Y si tras este movimiento Charles de Gaulle salía reforzado en las siguientes elecciones no fue una derrota definitiva. Como apuntaba Ramoneda, con 1968, se heredaron bastantes valores, el supremo, esa actitud revolucionaria del no todo vale, la libertad de someter a examen cuanto nos afecte y por tanto el de ser sometidos. Pero no todo está hecho, aquello fue el origen de la mecha, aún en nuestros días existe "Pekín 2008" y otros monstruos por derrotar. No podemos enterrar el Mayo del 68, sigue siendo esencial para esta sociedad. Hasta mañana amigos.

martes, 6 de mayo de 2008

12 películas de Truffaut


Al final de este puente que me ha dejado un insoportable dolor ya no mental sino intestinal, regresaba a Granada sin esperar nada de la vida, más cerca de lo que se puede considerar mi muerte, alguna hora antes de que se pusiesen en marcha las calles. No quiero recordar ese tiempo fatídico pero al entrar en mi cuarto y vencer la marabunta de desorden, un mediano paquete sobre una nota me aguardaba. Aquello me dejó de piedra y más aún cuando deshice el envoltorio y leí el papel. Una colección de 12 películas de François Truffaut con sus correspondientes posters entre las cuales estaba mi bien amada "Los 400 golpes" y la significativa "El último metro" (esa persona sabe por qué). Contemplar a este director francés es asistir a todo un discurso de estudio cinematográfico. En él vemos reflejado sus años detrás de las cámaras como crítico, su amor por sus maestros Wells y sobre todo Hitchcock. El nacimiento de lo que supuso la "Nouvelle vague" francesa como nueva forma de filmar, su obsesión por la infancia y el paso acelerado del tiempo...las mujeres. No es para mí un autor cualquiera y lo explica sobradamente las palabras que lo acompañan. Aquel viaje a París y aquella tarde esculpida en piedra donde fuimos en búsqueda de la tumba de François Truffaut escapando del laberinto de Montmartre no se olvida, al igual que otras muchas cosas. Hasta mañana amigos.

lunes, 5 de mayo de 2008

Real Madrid Campeón de Liga


El Real Madrid ya es campeón de liga y van 31. Era algo previsible, totalmente inmediato, una cuestión matemática de andar por casa. Pero lo que ayer se vivió frente a Osasuna fue algo más que un partido de liga, una final en toda regla. El uno por sentenciar un campeonato demasiado claro y el otro por intentar salvar lo que puede convertirse en inevitable, su descenso al infierno de segunda. Quién resistio el calvario que supuso la primera parte tuvo su recompensa con una última mitad de epopeya. El Madrid jugó mejor con 10, incluso con 9, tras esas imágenes de penalty y sangre al más puro estilo de contienda troyana. A cinco minutos del final, con todo en contra, despertó esa garra y esos goles para firmar una remontada con aroma a leyenda. A mi no corresponde juzgar el resto de la temporada, ni voy a entrar en ese dilema, porque tan solo he visto un puñado de partidos, yo me quedo con esa última media hora que me mandó a la cama con una sonrisa simplona. Hasta mañana amigos.